Ante todo reformular la democracia, lo que implica replantear a aquella democracia
monopolizada en los partidos políticos para que la sociedad civil en sus
formas de organización natural accedan a la participación electoral en forma
directa y posteriormente sean los co-ejecutores de sus propios proyectos de vida. De esta manera, podamos tener participantes formados y probados en su vida personal y no representantes políticos que hacen el mejor show propagandístico para obtener los votos
y ganar las elecciones en la democracia de un día. Sin embargo, sería también
importante motivar a la construcción de movimientos políticos
ambientalistas y vitalistas, para que aglutinen a todos quienes tienen una
conciencia integral y lleven el debate a esos niveles.
Por otra parte, acompañar a la concienciación de las comunidades
indígenas que están en proceso de civilizamiento o de desvitalización para que valoricen sus formas de vida, poniendo como ejemplo a
las denominadas “comunidades en transición” que han salido del urbanismo antropocentrista y que justamente se inspiran en las
comunidades ancestrales para su proceso de revitalización o de reinserción a vivir en armonía con la naturaleza, esto es, con los principios y leyes de funcionamiento natural.
Reinvención de tecnologías limpias y repotenciación de
tecnologías ancestrales. Es importante inventar tecnologías
sustentables nuevas como de recuperar tecnologías de aquellos pueblos que hicieron
proezas y obras monumentales con tecnologías vitalistas y en el continuum de la
naturaleza. Lamentablemente en el Ecuador actual, el gobierno tan solo intenta
ponerse a la cola del tecnologicismo mecanicista, y más bien ha cerrado
institutos y organismos que propenden a
ciencias y epistemologías alternativas. No hay voluntad política para apoyar e
incentivar tecnologías indígenas, a las cuales de plano ya las consideran atrasadas. La mentalidad colonial impide una visualización hacia el pasado y solo se mira
al futuro lineal desarrollista, como tampoco planteamos a la inversa.
Todo esto implica acciones concretas para reajustar las formas de vida, por ejemplo, la
reutilización del agua para generar un sistema cíclico, que va y viene,
mediante procesos de purificación. Esto conlleva a replantear la construcción de las viviendas para que por medio de formas naturales se puedan hacer procesos de calentamiento y de enfriamiento para evitar un uso excesivo de energía
eléctrica. El gobierno de Correa ha invertido millones de dólares para
construir más represas hidroeléctricas con el impacto ambiental de por medio y con la motivación al consumismo, cuando podía haber destinado esos ingentes
recursos a proyectos de vivienda bio-sustentables, elaborando planos arquitectónicos para que el pueblo pueda aplicarlos y su vez apoyando con materiales de construcción que sean energetizantes y con un costo adecuado.
Apoyar más decididamente a los institutos ejecutores y ONGs
ambientalistas. Por el contrario, el gobierno de Correa los ha perseguido ya
que “boicotean” sus afanes extractivistas. De ahí que el debate es político y
la necesidad de la participación efectiva de la sociedad nacional y de las
comunidades ancestrales para que disputen la dirección del Estado. En el caso
del Ecuador, ya se encuentran algunos elementos y principios del Sumak Kawsay o Buen Vivir
(a nivel oficial) dentro de la Constitución, y ahora se hace necesario su
fortalecimiento y profundización para que no quede este paradigma folclorizado
y cooptado como otro ingrediente del poder oficial (integrismo). De ahí, que es
importante principalizar la acción política ambientalista, especialmente en aquellos lugares
o regiones donde hay ya autoridades administrativas que se manejan por principios sustentables y
vitalistas. Por ejemplo, ciertas alcaldías y prefecturas en manos del
movimiento indígena, para que se conviertan en gestores de nuevos estados
pequeños dentro del estado nacional o creen formas autónomas territoriales. Fortalecer a las nacionalidades indígenas para que sean gérmenes de cambios estructurales.



