domingo, 15 de noviembre de 2015

DONDE Y CUALES SON LAS RESPUESTAS A LA CRISIS GLOBAL


La crisis global es un hecho que ya casi nadie lo niega, y que incluso estaría en juego la subsistencia de la especie humana como tal o al menos de quienes no podrían sobrevivir a una crisis climática, y en la que los más indefensos frente a ello son paradójicamente las sociedades civilizadas, a diferencia de los pueblos vitales o naturales que siguen viviendo en el continuum de la naturaleza y  que serían los únicos que podrían continuar con la especie humana. En otras palabras, los mal llamados pueblos primitivos o del cuarto mundo están más preparados que el primer mundo para un desate del cambio climático. Ellos tienen los conocimientos, las tecnologías, los medios, para sobrellevar una crisis global de tipo terminal. Por ende, ellos tienen las salidas ontológicas, axiológicas  epistemológicas para una nueva humanidad.
No podemos esperar a que la crisis se desate en toda su magnitud para recién pretender un cambio. El cambio es irremediable, porque así no haya una crisis existencial hay una crisis alimentaria, sanitaria, ética, consumista, que cada día se ahonda más y que obligará a un cambio de paradigmas. Esto quiere decir que lo que está en crisis es la civilización como tal, es el modelo civilizatorio que nos ha conducido a este momento, por lo que no se trata de cambiar de modelo civilizatorio sino de salir de la civilización como tal. No estamos viviendo un “choque de civilizaciones” (como dice Samuel Huntington) o “alianza de civilizaciones”, sino la crisis de un sistema de concepción de la vida y de recreación social que se llama civilización, con su expresión última el primer mundismo desarrollista.
En este sentido, la crisis ambiental no “es una crisis de civilización” como señala “el Manifiesto por la Vida, Por un Ética para la Sustentabilidad (Bogotá, 2002)” sino la crisis del pensamiento civilizatorio monoteísta que tiene como su nuevo y moderno dios, al dinero. Es la crisis del paradigma norte-centrista: antropocentrista, patriarcalista, racionalista, capitalista. No está en crisis la cultura sino la civilización como filosofía de vida, por el contrario, la cultura como expresión de crianza de la vida se convierte en la alter-nativa. No está en crisis toda la humanidad, sino la humanidad “que ha externalizado a la naturaleza, sobreeconomizado al mundo e hipertecnologizado a la cultura y a la vida” . No está en crisis la naturaleza sino el pensamiento contra-natura, y en la que frente al cambio climático en ciernes los que saldrían perdiendo son los hombres civilizados pues los hijos de la tierra sobrevivirían por sí mismos.
Entonces, llegamos al fondo de todo que son dos paradigmas diferentes: el paradigma  humano que reproduce a escala humana el sistema de la naturaleza, es decir, de la vida creada; y por otra parte, el paradigma que contradice o se separa del mundo sistémico vital. Si no entendemos esto, podremos creer que el problema es: o solo político o solo económico o solo epistémico o solo civilizatorio o solo filosófico. Lo cual ha conllevado que desde la academia y la intelectualidad se recreen nuevas formas pero dentro de la misma matriz (o “patriz”) que es la civilización y su pensamiento monódico; diferente al “pensisiento” (pensamiento-sentimiento) tetrádico de los pueblos vitalistas. Por ende, al buscar soluciones parches lo único que se consigue es generar: un capitalismo verde, un ambientalismo progresista, un  eco-socialismo… y una serie de posturas que nacen y se recrean desde el mismo pensamiento contra-natura.

Esto significa que debe haber un proceso de descolonización mundial que implica: una des-domesticación, una des-dogmatización, un des-adoctrinamiento y una des-folklorización, hacia las propias culturas ancestrales primigenias como las de la otredad. De ahí, lo irónico y paradójico para el primer mundo, que las respuestas a la crisis global está en los pueblos a los que califican como atrasados, lentos, ingenuos, subdesarrollados. Solo la humildad y la simplicidad que el norte-centrismo pueda despertar y activar, para abrirse a lo alternativo que viene desde el sur-global es que será posible un cambio sistémico. Caso contrario, solo serán reformas dentro del mismo sistema monoteísta-monárquico, impuesto al mundo como el mejor y el más desarrollado. La gente alternativa de Occidente ya lo ha comprendido de alguna manera y han posado sus ojos en estos pueblos menospreciados y rechazados por el ilustrismo y el positivismo, para entender que estos pueblos son los guardianes de un conocimiento homeostático y simbiótico. Y desde ahí, están re-aprendiendo para reconstruir el mundo y recrear la humanidad en un nuevo estado de la conciencia y del espíritu. 

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