El paradigma del desarrollo en estos 70 años de vigencia en
el mundo entero ha demostrado su fracaso, pues el desarrollo ha sido para tan
solo el 1% de la población que concentra el 50% de la riqueza mundial como
señala la organización OXFOM para el 2016 . El desarrollo de unos significa el
subdesarrollo de otros, especialmente de la naturaleza.
El ponerle distintos apellidos al desarrollo no ha
significado ningún cambio de esencia, por el contrario ha sido el instrumento
para profundizar de otra forma la explotación sutil de la naturaleza. Una
cosificación e instrumentalización “verde” que cumple el mismo propósito de
acumulación para quienes se asumen los dueños y portavoces de las ventajas del
desarrollo. El desarrollo y la libertad son los grandes mitos contemporáneos
del primer mundo y que han profundizado la crisis global a niveles extremos,
encontrándonos en un punto de inflexión.
El desarrollo es el desarrollo del capitalismo, el
desarrollo del patriarcalismo, el desarrollo del civilizamiento, el desarrollo
del colonialismo y de todos los presupuestos y creencias del sistema
piramidalista: cartesiano, lineal, vertical, competitivo, rentista; totalmente
diferente al sistema matricial: espiral, complementario, recíproco, armónico, de
los pueblos indígenas y vitalistas del mundo, incluida la propia Europa
Indígena.
El llamarle al desarrollo como sustentable, no deja de
contribuir al mismo esquema mecanicista de la razón instrumental, por el
contrario desvía del asunto de fondo para quedarnos en las ramas y por ende
continuar con el desarrollo por otros medios. De ahí que no solo se trata de
buscar otras formas de desarrollo ni tampoco de quedarse en alternativas al
desarrollo sino de cuestionar a la raíz del concepto del desarrollo que está en
los planteamientos ontológicos o mitos fundacionales de lo que hoy se llama
civilización y que es la civilización occidental, lo que sería una tautología
ya que solo occidente ha urbanizado, domesticado, desvitalizado y mecanizado a
la naturaleza, y por ende, a la vida.
Como tampoco es suficiente quitarle el nombre y dejarlo solo
con el apellido de sustentabilidad, pues se sigue estando en las ramas y no se
llega a lo filosófico entre dos maneras de concebir la vida y de vivirla. Entre
una filosofía de vida (vitalismo) y una filosofía materialista que desliga lo
espiritual y conciencial de la naturaleza y el cosmos. Si bien es un aporte
importante, la sustentabilidad es un ingrediente entre otros, como la
complementariedad, la reciprocidad, la integralidad, la “armonicidad”, como
otros elementos fundamentales de un sistema complejo de pensamiento y de vida,
como es el pensamiento cósmico o multidimensional de los pueblos vitalistas,
mal llamados primitivos, salvajes o bárbaros.
Es en esta perspectiva, que se inscribe el paradigma del
sumak kawsay o vida plena, que viene desde las filosofías de los pueblos de los
Andes, y que tiene una visión relacional
de completud frente a la vida en su conjunto. El sumak kawsay surge como
una propuesta global para la crisis global, revalorizando los saberes de las
culturas primordiales de todo el planeta, en las que se incluye la Europa
céltica, normanda, ibérica, y todas las expresiones culturales de la madre
tierra que entendían a la vida, por ende, a la naturaleza, como inteligente,
sabia, sagrada. En esta medida el sumak
kawsay o propuesta vitalista andina se inscribe como una alternativa al
desarrollo sustentable y como una profundización del concepto de
sustentabilidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario